​Amígdala cerebral: estructura y funciones

Una región del cerebro que se encarga de hacernos sentir emociones.  
Sorpresa, miedo, angustia, afecto, cariño, alegría, excitación… Todas estas palabras denotan diferentes emociones que todos sentimos en el día a día.
Se trata de reacciones que tenemos ante estímulos que pueden provenir tanto del exterior (por ejemplo ver una araña, un bebé o que te comuniquen tu tan esperado ascenso) como del interior de la propia persona (un pensamiento o recuerdo que te haga sufrir o sentirte feliz). Dichas reacciones, a nivel cerebral, dependen de una serie de circuitos que son capaces de organizar y poner en conexión la percepción y la emoción, siendo el principal sistema encargado de ello el sistema límbico, y dentro de este sistema siendo la amígdala uno de los núcleos principales. 
En el presente artículo nos vamos a centrar en esta estructura, la amígdala, con el fin de visualizar qué es y algunas de sus principales funciones.

¿Qué es la amígdala?

La amígdala es una estructura subcortical situado en la parte interna del lóbulo temporal medial. Este elemento posee conexiones con la gran mayoría del encéfalo, siendo un núcleo de especial relevancia que puede afectar al conjunto del sistema nervioso y en la funcionalidad del organismo. 
Se trata de un elemento clave para la supervivencia, debido a que su principal función es integrar las emociones con los patrones de respuesta correspondientes a estas, provocando una respuesta a nivel fisiológico o la preparación de una respuesta conductual. Asimismo, se encarga de coordinar las áreas que notan la expresión somática de la emoción y la corteza cerebral encargada del sentimiento consciente, con lo que posee un papel de gran relevancia en la valoración del significado emocional de las experiencias. La amígdala es, pues, el principal núcleo de control de las emociones y sentimientos del cerebro, controlando asimismo las respuestas de satisfacción o miedo. Sus conexiones no solo producen una reacción emocional sino que debido a su vinculación con el lóbulo frontal también permite la inhibición de conductas.
La amígdala es una estructura compleja, siendo una estructura con forma de almendra situada en el sistema límbico del cerebro. Está configurada por diferentes partes, con lo que en ocasiones también recibe el nombre de complejo amigdalino.

Partes del complejo amigdalino

Como hemos dicho la amígdala no es una estructura uniforme, sino que es divisible en diversos subelementos. Entre ellos destacan los siguientes:

Núcleo corticomedial

Esta parte del complejo amigdalino tiene una gran implicación en la captación de feromonas, participando en gran medida en el control del comportamiento sexual tanto masculino como femenino. También participa en el control hormonal y en la respuesta de saciación durante la ingesta.

Núcleos basolaterales

Su participación principal se da en el control de la ingesta a través de la sensación de saciedad. Del mismo modo, resulta primordial su implicación en la realización y aprendizaje de respuestas emocionales aprendidas, como las reacciones miedo a distintos estímulos.

Núcleo central

Este núcleo es el que mayor participación tiene en la expresión de la respuesta emocional, afectando tanto en a nivel fisiológico, produciendo las sensaciones y reacciones físicas que provocan las emociones y teniendo una gran participación en el sistema nervioso autónomo, como conductual al permitir la realización de conductas que respondan a las sensaciones que producen las percepciones.
Asimismo este núcleo también afecta a la génesis y mantenimiento de los sentimientos, los cuales se diferencian de las emociones por ser patrones de pensamiento y reactividad psicofisiológica mantenidos en el tiempo y menos específicos de una situación concreta.

Funciones del complejo amigdalino

Como se ha mencionado, la amígdala es una estructura compleja y vital para la supervivencia,participando y estando vinculada en gran cantidad de fenómenos psicológicos y fisiológicos. Veamos a continuación algunos de ellos:

1. Integración de las emociones y las respuestas autónomas

La amígdala gestiona con gran precisión la emisión o inhibición de respuestas emocionales tanto a nivel consciente como inconsciente, siendo su función más estudiada y una de las más relevantes. Permite asociar a las experiencias que vivimos sensaciones de gratificación o aversión. Participa tanto en emociones positivas como las reacciones de alegría o felicidad como en otras emociones de carácter más adaptativo, como veremos en el siguiente punto.

2. Gestión del miedo y reacción lucha/huida

En este aspecto, una de las funciones principales de la amígdala y el hecho de que sea pieza clave de la supervivencia es la gestión del miedo. A un nivel filogenético, este núcleo ha permitido la supervivencia de nuestra especie, dado que es el que permite que podamos reaccionar tras percibir un estímulo potencialmente amenazador para la integridad física, estimulando o inhibiendo la respuesta de lucha/huida. De hecho, lesiones en la amígdala pueden provocar reacciones extremadamente agresivas y la pérdida del miedo, con todas las repercusiones que la ausencia de este sentimiento puede suponer.

3. Aprendizaje emocional

El aprendizaje asociativo y condicionado también resultan influidos en gran medida por la actuación de la amígdala. Esta estructura permite la elección de estrategias a aplicar ante la presencia de estímulos, así como detectar situaciones en que dichas estrategias son también aplicables. Esto es debido a que la vinculación entre emoción y cognición, así como en el mantenimiento de la motivación al vincular los propios objetivos a sentimientos concretos.

4. Memoria

Además de al proceso de aprendizaje, la amígdala también afecta a la estructuración de recuerdos. Esto es debido a la asociación de recuerdos con estados emocionales, que permiten una mayor conexión y fijación del material a recordar, permitiendo su consolidación.

5. Regulación conducta sexual

La conducta sexual también se ve influida por la actuación de la amígdala. Además de permitir la asociación de los diferentes estímulos con el placer, la vinculación emocional entre individuos y su asociación con el mantenimiento de relaciones íntimas son debidas entre otras estructuras al complejo amigdalino.

6. Agresividad

La amígdala también se encuentra vinculada a la agresividad. Los estudios realizados hasta el momento indican que un mal funcionamiento de ésta puede provocar la pérdida de reacciones de agresividad y autodefensa, mientras que una hiperestimulación del complejo amigdalino provoca reacciones extremadamente agresivas y violentas.

Respuesta de saciación

Otro de los aspectos en que la amígdala tiene cierta influencia es en el control de la ingesta, contribuyendo en gran medida al mantenimiento de la homeostasis corporal a través de su influencia en la percepción de la saciación.

Referencias bibliográficas:

  • Kandel, E.R.; Schwartz, J.H. & Jessell, T.M. (2001). Principios de neurociencia. Cuarta edición. McGraw-Hill Interamericana. Madrid.
  • Méndez-Bértolo, C.; Moratti, S.; Toledano, R.; López-Sosa, F.; Martínez-Álvarez, R.; Mah, Y.H.; Vuilleumier, P.; Gil-Nagel, A. & Strange, B.A. (2016). “A fast pathway for fear in human amygdala”, Nature Neuroscience.
  • Nieuwenhuys, Voogd & van Huijzen (2009). El Sistema Nervioso Central Humano. 4ª Edición. Editorial Médica Panamericana. Madrid.

El pasado mes de febrero de 2009, como consecuencia de la reunión anual del Comité de Revisión y OMS que tuvo lugar en Delhi,durante el mes de octubre de 2008, la Clasificación Internacional de Enfermedades, en su versión 10 ICD-10, ha adjudicado al Síndrome Post-Polio (SPP) clasificándolo bajo el código "G14" excluyéndolo del código B91 (Secuelas de poliomielitis),en el que antes ese organismo lo consideraba.

Subsecretaria de Bienestar Ariadna Montiel se asume como titular de CONADIS






PUBLICADO EN

  • Se reformaron los estatuos para darle «vida administrativa» al organismo
  • Fue nombrada titular de la Junta de Gobierno
Ciudad de México.- Al término de la presentación del informe de organizaciones de la sociedad civil agrupadas en la Coalición México (Coamex) sobre la situación de los derechos de las personas con discapacidad en el país, la subsecretaria de Bienestar Ariadna Montiel dijo en entrevista que la Junta de Gobierno del Consejo Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas con Discapacidad (CONADIS) modificó recientemente sus estatutos. De acuerdo a esos cambios, ella preside la Junta y como tal, dijo, estará asumiendo la titularidad del organismo. Dado que la dirección del CONADIS y la Junta de Gobierno son dos figuras distintas, le preguntamos quién sería el director o directora: “¡Qué más titular que una subsecretaria de Estado!, así lo vamos a mandar a informar a la Organización de las Naciones Unidas”, respondió.
Sin embargo, de acuerdo con la Ley para Desarrollo de las Personas con Discapacidad, el CONADIS es un “organismo público descentralizado, con personalidad jurídica y patrimonio propios (…) con autonomía técnica y de gestión para formular políticas, acciones, estrategias y programas”. Desde su creación había contado con un director, quien se encargaba de la administración junto con el titular de la Junta de Gobierno, así lo establece la Ley; ese titular debía tener el nivel de secretario de Estado, y podía tener como suplente a un subsecretario. 
Ariadna Montiel, subsecretaria de Bienestar con micrófono en mano sentada al centro del panel de presentadores del informe alternativo de Coamex 
El cambio en los estatutos (que se realizó el pasado 4 de septiembre y aún no se publica en el diario oficial) se hizo para modificar las funciones administrativas que anteriormente hacía el director, pero, de acuerdo a lo que investigamos, el cambio quedó de tal manera que la dirección del CONADIS puede quedar vacante indefinidamente. De acuerdo con la Ley, el nombramiento en ese cargo lo debe hacer el titular del Poder Ejecutivo, es decir, el presidente Andrés Manuel López Obrador; sin embargo, todo indica que no habrá tal y que, en los hechos, la titular de la Junta de Gobierno hará también las veces de directora. 
Las declaraciones de la subsecretaria Montiel lo confirman: “Yo soy presidenta la Junta Directiva de CONADIS y acabamos de modificar los estatutos para darle una vida administrativa y poderle dar tareas de política pública y yo estaré a la cabeza de esa política pública”.  Por “Junta Directiva” la funcionaria se refiere a la Junta de Gobierno, que está conformada por diez representantes del Poder Ejecutivo Federal, uno de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y cinco representantes de la Asamblea Consultiva. En este caso, el representante de la CNDH decidió no ejercer su derecho a voto, todos los demás votaron a favor.  
La reorganización administrativa en la Secretaría de Bienestar no queda ahí, se crea una nueva dirección: “Yo estoy nombrada por la Secretaria (de Bienestar, María Luisa Albores) y el Presidente, como presidente de la Junta Directiva del CONADIS, también tengo a cargo el programa de pensión para discapacidad y tendré a cargo la Dirección General para el Bienestar de las Personas con Discapacidad (una nueva dirección) dentro de la Subsecretaría, porque vamos a hacer cosas más allá de la pensión. 
Subsecretaria Montiel al centro, delante de ella está Érika, joven con discapacidad intelectual quien le entregó el informe alternativo 
En ese esquema, explicó, “CONADIS será brazo ejecutor de todas esas tareas (distintas a la pensión), vamos a trabajar coordinados”. En el proyecto de presupuesto para 2020, este organismo tiene una asignación de 33 millones de pesos para funciones administrativas.
El informe alternativo que presentó Coamex, en realidad son tres: uno general sobre la situación de las personas con discapacidad, otro sobre migración y discapacidad, y un tercero sobre cuestiones especiales. En éstos se pone el acento en las obligaciones que debe cumplir el Estado mexicano desde un enfoque de derechos humanos para lograr la inclusión social. En la presentación, señalaron su preocupación con relación al enfoque asistencial de las acciones del gobierno de López Obrador en esta materia; sin embargo, la subsecretaria Montiel insistió en que el programa del Presidente no es asistencial y en cambio es congruente con la promesa de gobierno de “primero los pobres”: 
“Queremos que ustedes nos ayuden a construir una política pública diferente, ustedes se van a sorprender de lo que podemos hacer juntos porque somo un gobierno que escucha (…) todavía tenemos tiempo en este sexenio para trabajar, les agradezco la paciencia y la persistencia de todos ustedes (…) haremos un análisis concienzudo de estos informes y pronto tendrán noticias de nosotros”. 
Insistió en que el programa de pensiones es el comienzo pero que habrá más acciones de gobierno. En entrevista al final del evento le preguntamos sobre esas otras acciones y explicó: “El gobierno tiene como primera estrategia combatir la pobreza y la pobreza es multidimensional, necesitamos generar un cúmulo de estrategias para combatirla. La pensión para el Bienestar para personas con discapacidad tiene un enfoque de derechos humanos porque pone en el centro de la política pública a las personas, queremos apoyar en la construcción de un ingreso básico para cubrir las necesidades básicas. Nuestra visión sobre cómo combatir la pobreza tiene que ver con el territorio, no únicamente con la condición de la persona. Siempre dijimos que íbamos a atender primero a los pobres y que esta visión se construye con la idea de tener un piso mínimo de vida.”
Reconoció que uno de los principales rostros de la exclusión y la pobreza que han identificado en estos nueve meses de gobierno son las niñas indígenas con discapacidad. Por eso, dijo, se empezó por la entrega de la pensión Bienestar, para la cual en 2020 se destinarán 12 mil millones de pesos del presupuesto federal. Reconoció que para cumplir la meta del millón de beneficiarios se requieren 16 mil millones de pesos, pero confía en que se logrará contar con ese recurso. 
El monto de la pensión es de 2550 pesos bimestrales (unos 120 dólares), “es un esfuerzo presupuestal muy importante”, dijo. “Vamos a consolidar la pensión que va dirigida principalmente para niños y jóvenes, con la entrega de estos tres informes (por parte de Coamex) sobre temas que se amparan en el paraguas de la Convención (de la ONU), vamos a trabajar para que los derechos de las personas con discapacidad se ejerzan plenamente. Y eso ¿cómo lo vamos a hacer? pues principalmente convenciendo a los funcionarios para generar políticas públicas que nos coadyuven en esa visión”. Le cuestionamos si la Subsecretaría de Bienestar tendrá la fuerza suficiente para hacer esta tarea de convencimiento y contestó: “Eso espero, por eso buscamos aliados en la sociedad civil”.
En contraste, cabe señalar que los colectivos de personas con discapacidad han insistido desde el inicio del sexenio, que la atención a la población con discapacidad por parte del gobierno federal debe ir más allá de las pensiones o transferencia directa de efectivo, en razón de que debe ser un asunto a abordar con perspectiva de derechos humanos, los cuales se deben hacer efectivos a través de una política pública que implique a todas las instancias de gobierno, y en ese sentido, la asistencia social a través de la pensión, se queda corta. 
Pero la visión del gobierno federal es otra: “Nuestra visión es la construcción de un estado de Bienestar que combata la pobreza y la Secretaría de Bienestar es quien tiene esa misión dentro de la administración pública”, por lo cual, CONADIS responderá a ese enfoque, más aún con el cambio en los estatutos, con la Subsecretaria Montiel como virtual titular.




APPLAC A LA VANGUARDIA EN EL SINDROME POST POLIO SPP.


El pasado mes de febrero de 2009, como consecuencia de la reunión anual del Comité de Revisión y OMS que tuvo lugar en Delhi,durante el mes de octubre de 2008, la Clasificación Internacional de Enfermedades, en su versión 10 ICD-10, ha adjudicado al Síndrome Post-Polio (SPP) clasificándolo bajo el código "G14" excluyéndolo del código B91 (Secuelas de poliomielitis),en el que antes ese organismo lo consideraba.

Por qué es importante ser adherentes a un tratamiento



Ya en el siglo IV a. C., Hipócrates de Cos apuntaba lo siguiente: "Hay que vigilar a los pacientes, quienes mienten con frecuencia sobre haber tomado las cosas prescritas. Por haberse negado a tomar bebidas desagradables, purgantes u otras, a veces mueren. Jamás confiesan lo que han hecho y la culpa se le atribuye al médico".
Por lo que contaba el médico de la antigua Grecia, nuestros antepasados no lo hacían mucho mejor que nosotros. Han pasado muchos años desde entonces pero aún hoy en día, en pleno siglo XXI, la baja adhesión terapéutica sigue siendo un desalentador problema que requiere ser solucionado de inmediato.
Cuando hay adherencia terapéutica mejora la relación profesional sanitario-paciente, aumenta el control de la enfermedad y disminuyen la mortalidad y los costes sanitarios. Por el contrario, el incumplimiento terapéutico da lugar al fracaso terapéutico, un problema mundial de gran magnitud que tiene como consecuencias directas una reducción de los resultados en salud y un incremento de los costes sanitarios.
En la actualidad, se estima que el 30 % de los pacientes no sigue los tratamientos curativos, el 70 % incumple los preventivos (en los programas para dejar de fumar se alcanza el 80 %) y más del 50 % de los pacientes crónicos no continúa con sus tratamientos (hay patologías en las que no se supera el 20 %).

De qué depende la adherencia terapéutica


La adherencia puede relacionarse con la enfermedad. Cuando los síntomas son reconocibles, molestos y se alivian con el tratamiento, la probabilidad de adhesión es mayor que si estos no son identificables, se mantienen en el tiempo o dificultan el cumplimiento de las prescripciones.
Por otro lado, se asocia con el tratamiento. Si este es complejo, costoso, duradero, interfiere mucho en la vida del paciente y no está supervisado, la adhesión será menor.
La relación médico-paciente también es determinante para alcanzar la satisfacción de la persona y por lo tanto mejorar el cumplimiento. Una adecuada comunicación, la muestra de empatía y recibir información o educación sobre la enfermedad son factores que favorecen la adherencia.
En lo referente al paciente, sus expectativas sobre las causas, evolución y consecuencias de la enfermedad y su tratamiento están vinculadas a la adhesión terapéutica. Las falsas creencias sobre los efectos secundarios de los tratamientos constituyen un factor muy importante para tener en cuenta, por lo que una información adecuada al respecto se hace indispensable.

Cómo mejorar los índices de adherencia terapéutica


Hay múltiples estrategias para intentar solventar este problema. Unas van dirigidas a simplificar el tratamiento, reduciendo las dosis o el número de medicaciones, y otras, a recordar y monitorizar su toma. Se educa al paciente sobre los aspectos más relevantes de la enfermedad, el tratamiento y la importancia de su cumplimiento, y al profesional sanitario sobre técnicas de comunicación y estrategias sobre la conducta del paciente. Además, se busca la implicación de la familia e, incluso, de la sociedad. Estas técnicas pueden aplicarse por separado o combinadas.
Tanto las instituciones sanitarias como las que nos dedicamos a la atención de los pacientes buscamos soluciones a este problema. La salud digital se perfila como una potente ayuda para mejorar este problema.
En la Fundación Lovexair desarrollamos un proyecto llamado Pioneros HappyAir que se englobaría dentro de las estrategias combinadas. En él, educamos al paciente respiratorio crónico en los aspectos más relevantes de su enfermedad y le facilitamos herramientas digitales que le permiten monitorizar su enfermedad y el cumplimiento de su tratamiento. Los profesionales sanitarios son instruidos en el manejo de los pacientes a través de estas innovadoras herramientas que facilitan el seguimiento de su evolución y la comunicación entre ambos.
Si eres un paciente respiratorio o un profesional sanitario interesado en este campo, te invitamos a que formes parte de este proyecto. Para recibir más información o aclarar dudas sobre la adherencia terapéutica o nuestro proyecto Pioneros HappyAir, te invitamos a que contactes con nosotros escribiéndonos a cuentanos@lovexair.com.


El pasado mes de febrero de 2009, como consecuencia de la reunión anual del Comité de Revisión y OMS que tuvo lugar en Delhi,durante el mes de octubre de 2008, la Clasificación Internacional de Enfermedades, en su versión 10 ICD-10, ha adjudicado al Síndrome Post-Polio (SPP) clasificándolo bajo el código "G14" excluyéndolo del código B91 (Secuelas de poliomielitis),en el que antes ese organismo lo consideraba. ASOCIACIÓN POST POLIO LITAFF, A.C

Una clara conexión entre la presencia de citocinas proinflamatorias y la fatiga central .


Otros investigadores han demostrado una clara conexión entre la presencia de citocinas proinflamatorias y la fatiga central .
INFLAMMATION and PPS By Marcia Falconer, PhD.
















El estrés psicológico -el tipo que no implica exceso físico- se percibe en el cerebro y el cerebro produce citoquinas proinflamatorias. Esto puede causar fatiga profunda, incapacidad para concentrarse y otros síntomas .
Recuerde que 1000 piezas de rompecabezas que hemos extendido en la mesa? Ahora somos capaces de reunir algunas de las piezas de color mismo para hacer pequeñas imágenes que forman parte de la imagen más grande. 
De la misma manera, estamos juntando lo que sucede cuando una persona con PPS experimenta estrés físico o psicológico. Empezamos a ver imágenes pequeñas y podemos empezar a discernir la imagen más grande que se unen. Estamos llegando al lugar donde puede ser posible tratar los síntomas de PPS utilizando antiinflamatorios.
En Suecia se está llevando a cabo un ensayo muy emocionante, utilizando el tratamiento de inmunoglobulina intravenosa. Los ensayos preliminares de este tratamiento en personas con PPS han producido mejoras dramáticas en la fatiga y la fuerza muscular.
Otros tratamientos para reducir los síntomas de PPS pueden estar basados ​​en medicamentos antiinflamatorios tradicionales como aspirina, ibuprofeno, indometacina y otros. 
Todos los tratamientos tendrían que hacerse bajo la supervisión de su médico, pero mientras tanto, hay algunas cosas que usted puede hacer que se sabe para minimizar la inflamación en el cuerpo - y con lo que podría tener una reducción de los síntomas de PPS. Meditación. Usted puede intentar la meditación. Sí, funciona ... si lo haces de manera constante.
Ejercicio. El ejercicio adecuado, bajo la guía de un fisioterapeuta bien informado, Definitivamente bajos niveles de citoquinas inflamatorias. Estimulación Párate y no exageres. Esto es más fácil decirlo que hacerlo, pero si usted entiende que los músculos seriamente excesivos comenzarán la cascada proinflamatoria de acontecimientos y con eso traen en o intensifican síntomas de PPS, quizás usted podrá justificar reclinarse antes de que usted vaya demasiado lejos. 
Pérdida de peso. El tejido adiposo - comúnmente conocido como grasa - es también un productor de citoquinas inflamatorias. Si usted necesitaba una buena razón para perder peso, aquí está.
Finalmente hay algunas cosas que puedes probar. Beber té verde fomenta la pérdida de peso y tiene cualidades neuroprotectoras. También hay informes de que la proteína de suero sin desnaturalizar puede ser beneficioso. Estas cosas probablemente no son tan efectivas como la medicación directa para disminuir los niveles de citoquinas proinflamatorias,pero al incorporarlas en la vida cotidiana, traerán beneficios positivos.
Referentes:
1. Dalakas, Pro-inflamatorio cytokines and motor neuron dysfunction: is there a connection in post-polio syndrome? J Neurolog Sci. 205:5-8, 2002
2. Gonzalez et al. Prior poliomyelitis-IvIg treatment reduces proinflammatory cytokine production. J Neuroimmunol. 150:139-144, 2004.
3. Patarca, R. Cytokines and chronic fatigue syndrome. Ann NY Acad Sci. 933:185-200, 2001.
4. Black, PH. Stress and the inflammatory response: a review of neurogenic inflammation. Brain, Behavior and Immunity 16:622- 653, 2002.
5. Farbu et al. Intravenous immunoglobulin in postpolio syndrome. Tidsskr Nor Laegeforen.124:2357-2358, 2004.
6. Gonzalez et al. study in progress. 
Information about Dr. Marcia Falconer: 
Now retired, Dr. Falconer led a laboratory doing research in virology and molecular biology at The Centre for Food and Animal Research, Agriculture Canada Ottawa, Ontario, from 1993 to 2000.Educational background: 
Post-doctoral fellow in molecular biology at Massachusetts Institute of Technology (Center for Cancer Research), Cambridge, Mass. USA. 1990-1992. 
Ph.D. in neuronal cell biology from University of Ottawa, Ottawa, Ontario, Canada. 1990 
M.Sc. in cell biology from Carleton University, Ottawa, Ontario, Canada. 1985 
Marcia was quarantined with polio at age 7 (1949). She had leg and arm weakness followed by complete recovery. She led an active life: swimming, ice-skating and cross country skiing. PPS symptoms first noticed in 1985, with fatigue and leg weakness becoming severe by 1996. PPS diagnosed in 1998. 

El pasado mes de febrero de 2009, como consecuencia de la reunión anual del Comité de Revisión y OMS que tuvo lugar en Delhi,durante el mes de octubre de 2008, la Clasificación Internacional de Enfermedades, en su versión 10 ICD-10, ha adjudicado al Síndrome Post-Polio (SPP) clasificándolo bajo el código "G14" excluyéndolo del código B91 (Secuelas de poliomielitis),en el que antes ese organismo lo consideraba.


1 El Observatorio De México Post Polio org
Puede publicarse en la red (Internet) cualquier trabajo que aparece en esta Web, con el único condicionante de citar el autor y la procedencia (PostPolio El Obsevatorio-México). Para publicaciones en medios impresos, es necesaria la ...elobservatoriodelsndromedepost-fanuel.blogspot.com/


Richard Conniff trabaja en un libro sobre la lucha contra las enfermedades epidémicas.

































Como la mayoría de los niños estadounidenses de mi generación, a mediados de los años 50 hice cola con mis compañeros de clase para que me administraran la primera vacuna contra la polio, que entonces causaba 15 000 casos de parálisis y 1900 muertes al año en Estados Unidos, sobre todo en niños. Del mismo modo, nos pusimos en fila para recibir la vacuna contra la viruela, que entonces aún provocaba millones de muertes al año en todo el mundo. Desde entonces, he seguido actualizando mis vacunas e incluso me he puesto algunas exóticas para los encargos de National Geographic en el extranjero, contra el ántrax, la rabia, la encefalitis japonesa, el tifus y la fiebre amarilla, por ejemplo.
Habiendo crecido bajo la sombra de la polio (mi tío llevó muletas toda su vida) y habiendo conocido de primera mano el sarampión (formé parte del pico prevacunación del año 1958, junto a otros 763 093 jóvenes estadounidenses), me he arremangado felizmente ante cualquier vacuna recomendada por el médico y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, sacando información adicional en los viajes al extranjero del Libro Amarillo de los CDC. Estoy profundamente agradecido a las vacunas por mantenerme con vida y por ayudarme a volver de los viajes de campo tan sano como cuando salí.
Sin embargo, una consecuencia de esta voluntad es que me encuentro, como la mayoría, en una situación paradójica: las vacunas nos salvan de enfermedades y después hacen que nos olvidemos de las enfermedades de las que nos han salvado. Una vez la amenaza desaparece de nuestras vidas, nos relajamos. O peor, nos inventamos otras cosas de las que preocuparnos. Por consiguiente, algunos padres bienintencionados evitan vacunar a sus hijos por el miedo erróneo a que la triple vírica (contra el sarampión, las paperas y la rubeola) provoque autismo. No les importan los estudios científicos independientes que han demostrado uno tras otro que ese vínculo no existe, el más reciente realizado a 657 000 niños en Dinamarca.
Este miedo irracional es la causa de que Estados Unidos haya documentado casi 1200 casos de sarampión en lo que va de año casi dos décadas después de que las autoridades de salud pública lo declararan orgullosamente eliminado. Unos 124 afectados, la mayoría niños, han sido hospitalizados, 64 de ellos con complicaciones como neumonía y encefalitis, que pueden provocar lesiones cerebrales o la muerte.
Sin embargo, el autismo puede parecer una mayor amenaza que el sarampión, aunque solo sea porque aparece en innumerables series y películas como Rain Man y ¿A quién ama Gilbert Grape? Sin embargo, hay más probabilidades de contraer el sarampión en un cine que ver la enfermedad en la gran pantalla.

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Así, los padres olvidan —o quizá nunca hayan sabido— que 33 de cada 100 000 enfermos de sarampión acaban sufriendo algún tipo de discapacidad intelectual o daños en el sistema nervioso central. (Eso además de las personas que fallecen.)
Olvidan que, a principios de los 60, un brote de rubeola hizo que 20 000 niños nacieran con lesiones cerebrales, autismo u otras anomalías congénitas.
Olvidan que, antes de que fuera erradicada con una vacuna en los años 70, la viruela dejaba a los supervivientes ciegos, lisiados o con lesiones cerebrales.
Un remedio para esta paradoja es que hagamos un esfuerzo consciente para recordar cómo era el mundo antes de las vacunas. La Tdap, por ejemplo, es un punto repetido pero algo misterioso en mi cartilla de vacunación. (A los niños se les administra una formulación ligeramente diferente llamada DTaP.) La «T» significa tétano y la «P», tosferina. Pero yo ignoraba por completo qué era la «D» de difteria.


Un médico escolar y una enfermera del condado vacunan a un joven contra la viruela en Gasport, Nueva York, en marzo de 1938.
Muchos médicos conocen la enfermedad solo por los libros de texto. Pero antes de que se desarrollase una vacuna a principios de los años 40, la difteria era uno de los grandes horrores de la infancia. En un año en la década de 1930, cuando mis padres estaban en el instituto, mató a más de 3000 jóvenes estadounidenses. Hoy en día, ha vuelto a matar a niños en Venezuela, el Yemen y otras zonas donde la convulsión política y social ha interrumpido la administración de la vacuna.
Entre otros síntomas, la difteria produce una membrana gris de células muertas en la garganta que puede bloquear la tráquea del niño y provocar muerte por asfixia. De ahí viene uno de sus sobrenombres: «el Ángel estrangulador».
Nueva Inglaterra, donde vivo, sufrió una de las epidemias más letales en las décadas de 1730 y 1740, «la epidemia más horrible de una enfermedad infantil en la historia de Estados Unidos», según un historiador. Se vio agravada por la idea de que había sido enviada por Dios para castigar los comportamientos pecaminosos. O, como advertía un verso de 1738 a los niños y niñas que se comportaban mal:
So soon as Death, hath stopt your Breath,
Your souls must then appear
Before the Judge of quick and dead,
The Sentence there to hear. //
From thence away, without delay,
You must be Doom’d unto,
A dreadful Hell, where Devils dwell,
In Everlasting woe
La difteria no solo resultaba aterradora porque podía matar a una velocidad pasmosa, sino también porque podía saltar muy fácilmente de un niño a otro mediante la tos y los estornudos que inducía. Algunas familias también podrían haber acelerado la muerte involuntariamente haciendo que sus hijos dieran un beso de despedida a un hermano o hermana moribundos. Los resultados aún son evidentes en los cementerios locales.
En Lancaster, Massachusetts, por ejemplo, las lápidas manchadas se acumulan como una familia sobre las tumbas de los seis hijos de Joseph y Rebeckah Mores. Ephraim, de siete años, fue el primero en morir el 15 de junio de 1740, seguido por Hannah, de tres, el 17 de junio, y Jacob, de once, un día después. Los tres fueron enterrados en una sola tumba. Después, Cathorign, de dos años, murió el 23 de junio, y Rebeckah, de seis, el 26 de junio. La muerte —cinco niños en once días— se detuvo lo suficiente para dar a los pobres padres un tenue rayo de esperanza. Pero dos meses después, el 22 de agosto, Lucy, de 14 años, también murió. Unos años después, la difteria u otra enfermedad epidémica volvió para llevarse a los tres hijos que les quedaban a los Mores.


Ghulam Ishaq, tendero de Karachi, no confiaba en la vacuna contra la polio. Ahora se culpa por la situación de su hija de cuatro años, Rafia: una pierna atrofiada por la polio y la otra rota por un coche que no pudo esquivar.
Joseph y Rebeckah no fueron los únicos que vivieron esa tragedia. Muchos más padres perdieron a todos sus hijos por la difteria, en un caso 12 o 13 de la misma familia. (Ante el luto y el asombro, los padres no ponían una cifra exacta a su pérdida.) En una sola calle de menos de 800 metros de largo en Newburyport, Massachusetts, murieron 81 niños en tres meses en 1735. Haverhill, Massachusetts, perdió a la mitad de sus niños y 23 familias se quedaron sin hijos.
Hoy en día, los padres rara vez conocen una pena tan inmensa porque nuestros hijos están protegidos por vacunas, como la Tdap/DTaP. Por eso nos sentimos seguros teniendo familias más pequeñas. Es también una de las razones principales por la que la esperanza de vida al nacer en Estados Unidos subió de 47,3 años a principios del siglo XX a 76,8 a finales.
El nivel de esta protección ha seguido aumentando año tras año a lo largo de nuestras vidas, aunque la terminología de las vacunas recomendadas suele ocultar estas mejoras. Ningún padre ha permanecido en vela, por ejemplo, por la denominada «Hib», o «Haemophilus influenzae de tipo b», o por un patógeno llamado «rotavirus».
Pero al comienzo de su carrera, en los años 70, el especialista en vacunas Paul Offit cuenta que «la Hib dominó mi residencia». Esta enfermedad causa meningitis infantil, neumonía y sepsis, una infección sistémica sanguínea. Los niños con esta infección bacteriana llegaban a urgencias con tanta frecuencia que el hospital creó una sala oscura especial con una pecera para calmar a los niños mientras un anestesista acudía a toda velocidad y un equipo quirúrgico se preparaba para operar. Si el niño se excitaba demasiado, corría el peligro de que la epiglotis hinchada e inflamada empezara a sufrir espasmos y bloqueara la tráquea.
«Tuve muchas conversaciones difíciles con los padres cuando los niños tenían meningitis o sepsis», recuerda Offit. «Normalmente, los niños sufrirían sordera permanente, deficiencias intelectuales o deficiencias motrices».
El médico Stanley Plotkin, también especialista en vacunas, empezó su carrera en los años 50. Sesenta años después, aún recuerda ver con impotencia cómo «moría en sus manos» un niño con una enfermedad por Hib. A veces, una traqueotomía —un tubo insertado a través de una incisión en la tráquea por debajo del punto del bloqueo— ayudaba. «Pero entonces estaba de prácticas y no sabía hacer una traqueotomía».


Los técnicos de laboratorio examinan las muestras de un patógeno llamado rotavirus, que causa diarrea infantil y afecta a millones de niños cada año. En los países más pobres del África subsahariana y Asia meridional, mata a cientos de miles.
Los médicos (y los padres) que empiezan hoy no tienen que vivir con ese recuerdo específico. Una vacuna introducida en los 90 ha reducido un 99 por ciento la incidencia de las enfermedades por Hib en Estados Unidos, de 20 000 a 29 casos anuales.
El rotavirus es un término igualmente desconocido para la mayoría de los padres. Sin embargo, solía afectar a casi todos los niños antes de los cinco años y provocaba un 40 por ciento de los casos de diarrea infantil grave. Ante la ausencia de tratamiento, la deshidratación provocaba entre 20 y 60 muertes al año en Estados Unidos y 500 000 muertes en todo el mundo.
En los 90 surgió una vacuna contra el rotavirus y en 2006 los CDC aprobaron una versión más segura desarrollada por Offit y Plotking junto al difunto H. Fred Clark, microbiólogo y activista social. De este modo, la diarrea provocada por el rotavirus se ha vuelto poco frecuente, evitando entre 40 000 y 50 000 ingresos de niños y bebés estadounidenses al año. Pero en un brote de rotavirus en California en 2017, la enfermedad mató a un niño que no había sido vacunado dos meses antes de su segundo cumpleaños.
Es cierto que las vacunas conllevan riesgos, como todo en este mundo. Oscilan desde lo común, como dolor en el lugar de la inyección, hasta lo inusual, como una reacción alérgica grave. Los investigadores médicos suelen ser los primeros en identificar y caracterizar estos riesgos. Un estudio de los CDC de 2016, por ejemplo, analizó 25,2 millones de vacunaciones a lo largo de tres años y determinó 33 casos de reacciones alérgicas gravse provocadas por la vacuna: 1,3 casos por cada millón de dosis.


Los niños de la isla Vashon, Washington —donde muchos padres desconfían de los productos químicos—, han aparecido en los pósteres del movimiento antivacunas. Pero los índices de vacunación han aumentado como respuesta a los brotes de sarampión y los esfuerzos del personal de salud pública.
¿Cómo pueden los padres pensar en un riesgo como ese? Ser un buen padre no consiste en proteger a los niños de todos los riesgos médicos. Consiste en juzgar el riesgo relativo teniendo en cuenta la recomendación del médico. Pregúntate: ¿Qué es peor para mi hijo, la remota posibilidad de una reacción alérgica o el riesgo de padecer enfermedad por Hib, rotavirus, neumonía o varicela que, pese a su reputación trivial, mató a entre 100 y 150 niños estadounidenses un año antes de que se aprobase una vacuna? ¿Qué es peor: un vínculo ficticio entre la triple vírica y el autismo —ahora declarado fraudulento incluso por la revista que lo publicó— o exponer a diario a tus hijos a la posibilidad de contraer sarampión, con todas sus consecuencias discapacitantes o letales?
Mi mujer y yo siempre decidimos administrar las vacunas recomendadas a nuestros hijos. Nos preocupamos, como todos los padres. Pero están sanos y nosotros dormimos mejor sabiendo que hemos relegado al pasado muchos horrores médicos.
Richard Conniff trabaja en un libro sobre la lucha contra las enfermedades epidémicas.
Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.


Post Polio Litaff, Association A.C _APPLAC Mexico

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